Una oración breve para cuando la angustia aprieta el pecho y los pensamientos no se detienen. Rézala despacio, en voz baja si puedes, y haz una pausa al final de cada línea para respirar.
Señor Jesús,
mi corazón está inquieto
y mis pensamientos no encuentran descanso.
Tú invitas a los cansados y agobiados
a venir a ti, y prometes darles alivio:
aquí estoy, con todo lo que me pesa.
Toma mi angustia en tus manos.
Aquieta lo que en mí se agita
y enséñame a respirar en tu presencia,
un momento a la vez.
No te pido que todo cambie de inmediato;
te pido que no me sueltes.
Que tu paz, más grande que mis miedos,
guarde hoy mi corazón y mi mente.
Amén.
En modo lectura, sin distracciones y sin conexión.
Si la angustia no te deja
Esta oración acompaña, pero no sustituye la atención médica ni la ayuda de un profesional de la salud mental. Si sientes que no puedes más o piensas en hacerte daño, pide ayuda hoy mismo.